sábado, 21 de junio de 2014

José María El Tempranillo, bandolero honorable


JOSÉ MARÍA EL TEMPRANILLO


Humildad o leyenda de un histórico bandolero andaluz: José María “El Tempranillo”


De bandolero a represor del bandolerismo en calidad de jefe de Seguridad para Andalucía y de quien distintos sectores gustan recordarle en las míticas acciones que liderara el legendario e histórico bandolero andaluz, de nombre José María Pelagio Hinojosa Cobacho y de apodo “El Tempranillo” (el apodo del Tempranillo le sobrevino por la incipiente juventud: próximo a los quince años. Por ser a tan temprana edad cuando se ve obligado a huir de su aldea natal y tirarse al monte un 29 de septiembre de 1820 al verse involucrado en una reyerta de faldas y acuchillar y matar a su contrincante en la ermita de San Miguel. 

Las leyes de la época auguraban la misma suerte para el homicida: la pena de muerte en la horca o el garrote vil, vigente en España desde ese mismo año de 1820. Para evitar su propia ejecución a manos del verdugo aprovecha la oscuridad de la noche, se aleja de la aldea y se echa al monte con la jaca y el naranjero que fuera propiedad de su padre. Ya en los montes se mezcla entre otros bandoleros que rehúyen de la miseria que les imponen los latifundismos andaluces, aunque a los pocos años funda su propia banda y comienza una leyenda sin parangón. Leyenda o realidad que le deviene al joven José María y aunque no es un santo ni desea parecerlo recibe los elogios y las románticas coplas del populacho ante la grandeza de las andanzas que le convierten en el más joven, famoso, romántico, gentil y generoso bandolero que dieran las tierras de Andalucía.

Muchas, variadas, inexactas y otras lógicas y certeras son las correrías históricas que tratan sobre la vida del Tempranillo, quien nació en la aldea de Jauja, a orillas del río Genil, en el término municipal de Lucena, Córdoba, el 24 de junio de 1805 (día de San Juan) aunque acertar ahora con la realidad histórica de sus correrías sería tanto como alimentarse de la fábula y la fantasía del populacho de antaño. El origen de clase social a que perteneció el Tempranillo proviene de padres jornaleros, adentrados en la miseria que sembraron los señoríos entre imperios latifundistas para quienes trabajaría desde prematura edad junto a su padre, a quien apodaban “El Gamo”. Aunque cuando al padre de José María le acechaba el desempleo y la escasez traficaba con el contrabando y practicaba la caza furtiva. “El Gamo” murió asesinado cuando aún no había cumplido los treinta años de edad, a manos, presuntamente, de un señorito andaluz de quien se rumorea que su madre, ya viuda, fue deshonrada por el asesino de su padre.

El Tempranillo robaba a los ricos con delicadeza y elegancia y con los dineros que les arrebataba socorría a multitud de necesitados. Las señoras del feudalismo que se veían asaltadas en las diligencias sentían fascinación ante las reverencias, los encantos y las adulaciones que el gentil bandolero usaba para adueñarse de las joyas que ellas lucían y él les arrebataba con estilo caballeresco, distinguido y educado. También se le conocía por el apelativo de "bandido bueno" y en honor a tal apelativo repartía más dineros para el bolsillo de sus compañeros que para el suyo propio. La generosidad del Tempranillo alcanzaba extremos verdaderamente sensibles y humanos. Cuando se enteraba de que los miembros de un pueblo o aldea se encontraban en precariedad les ofrecía importantes cantidades de dinero a cambio de refugio temporal. Un día se encontró con un arriero a quien le pagó un animal de carga (mula) porque comprobó la vejez del burro moribundo que el campesino de familia numerosa llevaba del ronzal. Para entonces había llegado la leyenda del bandolero andaluz a todos los rincones de España y Europa y la corona española envía dotaciones de migueletes: voluntarios y mercenarios a servicio del rey Fernando VII, quienes tratarían de capturar o exterminar al bandolero. El Tempranillo y su ya numerosa banda, sin embargo, se enfrentan a los migueletes y eluden las refriegas. Ello desquicia a las autoridades que contrarrestan la habilidad del bandolero con grandes recompensas económicas para quienes delaten su paradero o aporten datos fidedignos que les lleve a su captura.

José María El Tempranillo, sin embargo, perece ajeno a las amenazas de la corona y del latifundismo y se afana en el enamoramiento de una moza andaluza de nombre María Gerónima Francés con quien se casa en Torre Alháquime, Cádiz, y la lleva consigo a los derroteros de la sierra. El 6 de Enero de 1832 les nace su hijo en la sala-habitación de un cortijo de Grazalema, Cádiz. La llegada al mundo de la criatura se envuelve en desagradables y terribles circunstancias. El motivo del evento lo acarrea el propio esposo al presentarse al cortijo en solitario para acompañar a su esposa en los quehaceres del parto. Los migueletes: voluntarios del rey Fernando VII, previamente le preparan una emboscada y envían a un emisario para que le informe del inminente parto de su esposa. José María El Tempranillo atiende la llamada, se desplaza y entra en el cortijo. Los migueletes aprovechan el momento para cercarlo. El bandolero advierte la intentona y el ajetreo del tiroteo provoca el pánico, la ansiedad y el adelantamiento del parto. El niño nace ayudado por otras mujeres que habitan el cortijo en circunstancias anormales, mientras que la madre es incapaz de sobrevivir a la refriega del momento. José María El Tempranillo padece la pérdida de su esposa pero incluso así no se rinde a los hostigadores ni abandona a sus seres queridos. Carga con el cadáver de su mujer a la grupa del caballo, se amarra al recién nacido a la faja de la cintura y sale a galope tendido, a la vez que disparando sus dos pistolas y esquivando el aluvión de disparos que salen de los trabucos de los migueletes.

Para entonces, la banda de José María El Tempranillo, Rey de Sierra Morena, y quien  ya cuenta con varios asesinatos a su espalda, alcanza el medio centenar de bandoleros bien disciplinados, apartados de criminalidades innecesarias. Pese a ello, las bandas que lidera el Tempranillo recrecen en número de miembros y las autoridades locales, regionales y nacionales eluden encontrarse con ellos. El feudalismo andaluz toma conciencia de la problemática de los bandoleros y ante la imposibilidad de cortarles el vuelo pagan los derechos de portazgo que el Tempranillo les exige para transitar por los caminos de Sierra Morena. Además de los tributos que impone a los ricos del feudalismo también lo aplica a la monarquía que paga los derechos de portazgo al Tempranillo para que las diligencias reales crucen por los caminos de Sierra Morena y recorran de un modo seguro las distancias entre Madrid y Sevilla. De tal imposición tributaria nace la leyenda de boca de un escritor inglés, conocedor de los trasiegos del Tempranillo, de quien nace la frase: “Fernando VII es el rey de España pero el Tempranillo lo es del reino de Sierra Morena”.

El monarca escucha los consejos de indulto que le exponen los latifundismos andaluces para adentrar a los bandoleros en la legalidad y liberarse ellos mismos de la opresión. El rey accede y envía al general Manso a negociar con El Tempranillo. En agosto de 1832 concluyen las negociaciones y se reúnen en el Santuario de la Fuensanta, Badolatosa, Sevilla, para la firma del convenio. Lo rubrican ante notario el 22 de junio de 1833 y se acogen al indulto que Fernando VII les concede. A partir de entonces forman el Escuadrón Franco de Protección y Seguridad Pública de Andalucía. El jefe-comandante del nuevo escuadrón de migueletes será el mismo que lo fuera de los bandoleros, El Tempranillo. Los bandoleros pasan de contrabandistas, chantajistas y asaltadores de caminos a renegados y a ocupar puestos de policía gubernamental en calidad de migueletes funcionarios del Estado. Para la nueva etapa de bandoleros renegados reciben la bendición del obispo de Córdoba y el sueldo y las vestiduras de los uniformes de los migueletes salen de las arcas de la monarquía.

A partir de la firma del acuerdo que El Tempranillo alcanza con el general Manso en Badolatosa advierte a sus compañeros de andanzas que aquellos que no le sigan serán  perseguidos, capturados y encarcelados. La mayoría de sus hombres acceden y le siguen, el Veneno, antiguo miembro de los migueletes adscrito a la partida del Tempranillo en calidad de bandolero, en cambio, rehúsa dejar su vocación de bandido y es ahora cuando empieza una lucha sin cuartel entre bandoleros indultados, encabezados por El Tempranillo y otros bandoleros que deciden seguir su destino fuera de las leyes de la corona. Los miembros de los tres bandos indultados por la monarquía bajo la tutela del Tempranillo persiguen a sus antiguos compañeros, dan protección al feudalismo y reprimen a bandoleros y maleantes. En el trascurso del nuevo cargo, sin embargo, El Tempranillo alcanza una diligencia cuando algunos de los bandidos la desvalijan (aunque una versión similar cuenta que sabedor de que su antiguo amigo, miembro de la extinguida partida, José María “El Barberillo” se encuentra en el cortijo de Buenavista, a dos kilómetros de Alameda, le hace una visita e intenta convencerle de algo). “El Barberillo”, sin embargo, no se fía de quien antes fuera su jefe, compañero y amigo y ahora es un representante renegado a servicio de los migueletes. En el intercambio de palabras se escucha un trabucazo y es El Tempranillo quien recibe el disparo a bocajarro. Un disparo inesperado e incierto que pondrá fin a la vida del Tempranillo, a la del rey de Sierra Morena, a la del bandido bueno y a la del comandante del nuevo Escuadrón Franco de Protección y Seguridad Pública de Andalucía a servicio de la corona de Fernando VII. El Tempranillo cae gravemente herido y muere un par de días después: el día 24 de septiembre de 1833 a los veintiocho años de edad y trece de acción bandolera. La tumba que da cobijo a los restos mortales del más honorable bandolero andaluz se encuentra en perfecto estado de conservación en la estancia del patio interior de la iglesia de la Inmaculada Concepción de la población de Alameda, Málaga.

Agustín Conchilla


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