domingo, 8 de septiembre de 2013

Los adversarios políticos duermen la siesta mientras la crisis nos devora sin piedad


Los adversarios políticos duermen la siesta mientras la crisis nos devora sin piedad

 

Da la impresión de que a pocos años de las elecciones municipales que nacieron del sufragio universal existe satisfacción entre los políticos y no exponen ni expresan malestar idealista, oportunista, de liderazgo o de revancha política. Eso es bueno, no cabe duda. Además da motivo a las gentes del municipio a presuponer que el silencio conlleva entendimiento político y así lo percibe buena parte de la localidad: de dentro y fuera de la población olivarera. Por tanto, da que pensar que el programa político funciona y debería de tomarse como un bálsamo gratificante y futurista que mana del trabajo serio y provechoso: social y equitativo. Un trabajo comunitario no exento de baches, de logros y trabajo en equipo, válgame la redundancia, y el propio equipo de gobierno local sabe impartir en beneficio de todos y cada uno de sus conciudadanos. 

A saber, lógicamente, de la inexistencia de crítica constructiva o virtual, o de objeción idealista del resto de partidos que callan como si estuvieran adormecidos en siesta prolongada. No obstante, el silencio amortigua pesadumbres y parece que al fin ha llegado un líder capaz de amansar las turbulencias sociales y políticas y también de acallar a los opositores con talante socio-progresista: democrático. Consecuentemente, los opositores idealistas, no menos democráticos, se les presupone, con su silencio dan a entender que la medicina social funciona en los ámbitos de un pueblo ultrajado por el paro y por la falta de medios de subsistencia. Ello podría corroborar, una vez más, que el programa de ideas progresistas y sociales que tiempo atrás manara de Pablo Iglesias, allá por la tercera etapa del siglo XIX: fundador del Partido Socialista Obrero Español y de la UGT, ha encontrado el camino de la equidad y del buen quehacer entre los propios mandatarios locales, aupados al poder por sufragio universal entre los habitantes de un pueblo mayoritariamente agrícola, olivarero y ganadero.

En contrario, como también sería lógico, no se entendería el amodorramiento estival prolongado de los demás contrincantes políticos: PP, IU o RH. A lo mejor esperan a que Rajoy claudique por presuntas falacias y por el denigrante sometimiento a la pobreza de las clases medias. O por su no memos presuntuoso acto de destrucción de pruebas para impedir la acción de la justicia que les habría de poner el yugo por presuntos delincuentes y no menos presuntos malversadores de caudales públicos en contraste con los tratos de favor. O esperarán a que los "verdes" seguidores de la doctrina de la antigua URSS, agarrados al pendón de la historia revolucionaria de la Liberación Zarista de Octubre del 17 concluyan con su ambicioso programa de implantación societaria: un sistema político caducado e infructuoso. O esperarán a que la minoría político-local que en las elecciones pasadas naciera de la revancha interna-partidista para romper el poder de sus excompañeros de partido, e impedir el liderazgo del aspirante a la alcaldía y ex lugarteniente de la entonces mayoría, se unifique con tal o cual aliado...

Sea como sea, para todos por igual, debería de ser saludable y de aliento a la paz y al orden constitucional. Y ya de paso, añadimos el aliciente a conservar los valores más puros que deben de habitar en las entrañas del ser humano en contraste con actos de humildad. Todo ello sin dejar de recordar que aunque el correo respeta a creyentes y seguidores de la fe, personalmente se considera agnóstico (ojo rectifico: agnóstico no sería correcto) aconfesional y laico, sí. Además, el mismo interlocutor considera que las religiones son "el opio del pueblo". Prueba de ello, sin lugar a equívocos ni malversaciones, deviene de los enfrentamientos salvajes y sangrientos que las religiones de todo tipo, incluida la católica, han traído y vertido sobre la población humana a la largo de la historia.

De tales agresiones, carentes de hermandad y por tanto distantes de los evangelios, el vaticano que a sí mismo se auto-proclama guía de los cristianos sabe tanto como calla y guarda en el tintero de las cloacas y de las sombras del misterio. Pese a ello, las cosas de la libertad de prensa y de la democracia social, no religiosa, que además sigue adentrada en el conservadurismo sectorial y dictatorial, de vez en cuando aflora ante la opinión pública con lo denigrante de tal o cual grupo sectario que “cuece habas verdes” entre los muros del vaticano. A tal fin debería de llegarnos la reflexión natural por encima de la espiritual. El hombre es hombre y poco más: bien lo sabe y lo concibe buena parte de la humanidad terrenal. Por tanto, suena a discordante que diferentes líderes institucionales se empotren la túnica o sotana y derrochen imposición de doctrina en discordancia con lo que les acuña y acometen. Muy contrario, por cierto, al liberalismo que la  historia bíblica le adjudica a Jesucristo y, sobre todo, muy distante de las funciones de hermandad y carisma fundamental de la propia sociedad católica.

Ojo, el asunto de la exposición no es personal ni tampoco nuevo; ni el correo es inventor de las maldades de la historia eclesiástica o social. Así es, al menos, lo que hace unos días expresaba un alto cargo de la curia romana. Un parroquiano cardenalicio muy próximo al propio papa católico anterior: Benedicto XVI, quien tachaba a los líderes de la religión católica de algo más desleales que caritativos, hermanos, bondadosos o solidarios.  No es menos cierto que la religión católica se clasifica entre las más moderadas del abanico espiritual, de entre las que imparten la doctrina de la fe en base a la existencia del Dios único. Sin embargo, en la “Casa de Dios” también se cuecen habas y, gordas. El otro día, para no ir más lejos, salió el propio Cardenal Bertoné, ex secretario y mano derecha del vaticano -cardenal cuestionado- y a la palestra del grito y la ofensa. Dentro del contexto de su cargo, por tanto, se le presupone un conocimiento muy real de todos y cada uno de los flecos eclesiales, por cuyo manifiesto denomina a la cúpula del propio vaticano, a saber si con acierto o desatino, con un apelativo tan denigrante como despectivo y preocupante: "atajo de víboras y cuervos".

 

Agustín Conchilla

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