Los adversarios
políticos duermen la siesta mientras la crisis nos devora sin piedad
Da la impresión de que a pocos años de las
elecciones municipales que nacieron del sufragio universal existe satisfacción
entre los políticos y no exponen ni expresan malestar idealista, oportunista,
de liderazgo o de revancha política. Eso es bueno, no cabe duda. Además da
motivo a las gentes del municipio a presuponer que el silencio conlleva
entendimiento político y así lo percibe buena parte de la localidad: de dentro
y fuera de la población olivarera. Por tanto, da que pensar que el programa
político funciona y debería de tomarse como un bálsamo gratificante y futurista
que mana del trabajo serio y provechoso: social y equitativo. Un trabajo comunitario
no exento de baches, de logros y trabajo en equipo, válgame la redundancia, y el propio equipo de
gobierno local sabe impartir en beneficio de todos y cada uno de sus
conciudadanos.
A saber, lógicamente, de la inexistencia
de crítica constructiva o virtual, o de objeción idealista del resto de
partidos que callan como si estuvieran adormecidos en siesta prolongada. No
obstante, el silencio amortigua pesadumbres y parece que al fin ha llegado un
líder capaz de amansar las turbulencias sociales y políticas y también de
acallar a los opositores con talante socio-progresista: democrático.
Consecuentemente, los opositores idealistas, no menos democráticos, se les
presupone, con su silencio dan a entender que la medicina social funciona en los
ámbitos de un pueblo ultrajado por el paro y por la falta de medios de
subsistencia. Ello podría corroborar, una vez más, que el programa de ideas
progresistas y sociales que tiempo atrás manara de Pablo Iglesias, allá
por la tercera etapa del siglo XIX: fundador del Partido Socialista Obrero
Español y de la UGT, ha encontrado el camino de la equidad y del buen quehacer entre
los propios mandatarios locales, aupados al poder por sufragio universal entre
los habitantes de un pueblo mayoritariamente agrícola, olivarero y
ganadero.
En contrario, como también sería lógico,
no se entendería el amodorramiento estival prolongado de los demás
contrincantes políticos: PP, IU o RH. A lo mejor esperan a que Rajoy claudique
por presuntas falacias y por el denigrante sometimiento a la pobreza de las
clases medias. O por su no memos presuntuoso acto de destrucción de pruebas
para impedir la acción de la justicia que les habría de poner el yugo por
presuntos delincuentes y no menos presuntos malversadores de caudales públicos
en contraste con los tratos de favor. O esperarán a que los "verdes"
seguidores de la doctrina de la antigua URSS, agarrados al pendón de la
historia revolucionaria de la Liberación Zarista de Octubre del 17 concluyan
con su ambicioso programa de implantación societaria: un sistema político
caducado e infructuoso. O esperarán a que la minoría político-local que en las
elecciones pasadas naciera de la revancha interna-partidista para romper el
poder de sus excompañeros de partido, e impedir el liderazgo del aspirante a la
alcaldía y ex lugarteniente de la entonces mayoría, se unifique con tal o cual
aliado...
Sea como sea, para todos por igual, debería
de ser saludable y de aliento a la paz y al orden constitucional. Y ya de paso,
añadimos el aliciente a conservar los valores más puros que deben de habitar en
las entrañas del ser humano en contraste con actos de humildad. Todo ello sin
dejar de recordar que aunque el correo respeta a creyentes y seguidores de la
fe, personalmente se considera agnóstico (ojo rectifico: agnóstico no sería
correcto) aconfesional y laico, sí. Además, el mismo interlocutor considera que
las religiones son "el opio del pueblo".
Prueba de ello, sin lugar a equívocos ni malversaciones, deviene de los
enfrentamientos salvajes y sangrientos que las religiones de todo tipo,
incluida la católica, han traído y vertido sobre la población humana a la largo
de la historia.
De tales agresiones, carentes de hermandad
y por tanto distantes de los evangelios, el vaticano que a sí mismo se
auto-proclama guía de los cristianos sabe tanto como calla y guarda en el
tintero de las cloacas y de las sombras del misterio. Pese a ello, las cosas de
la libertad de prensa y de la democracia social, no religiosa, que además sigue
adentrada en el conservadurismo sectorial y dictatorial, de vez en cuando
aflora ante la opinión pública con lo denigrante de tal o cual grupo sectario
que “cuece habas verdes” entre los muros del vaticano. A tal fin debería de
llegarnos la reflexión natural por encima de la espiritual. El hombre es hombre
y poco más: bien lo sabe y lo concibe buena parte de la humanidad terrenal. Por
tanto, suena a discordante que diferentes líderes institucionales se empotren
la túnica o sotana y derrochen imposición de doctrina en discordancia con lo
que les acuña y acometen. Muy contrario, por cierto, al liberalismo que la
historia bíblica le adjudica a Jesucristo y, sobre todo, muy distante de
las funciones de hermandad y carisma fundamental de la propia sociedad
católica.
Ojo, el asunto de la exposición no es
personal ni tampoco nuevo; ni el correo es inventor de las maldades de la
historia eclesiástica o social. Así es, al menos, lo que hace unos
días expresaba un alto cargo de la curia romana. Un parroquiano cardenalicio
muy próximo al propio papa católico anterior: Benedicto XVI, quien tachaba a
los líderes de la religión católica de algo más desleales que caritativos,
hermanos, bondadosos o solidarios. No es
menos cierto que la religión católica se clasifica entre las más moderadas del
abanico espiritual, de entre las que imparten la doctrina de la fe en base a la
existencia del Dios único. Sin embargo, en la “Casa de Dios” también se cuecen
habas y, gordas. El otro día, para no ir más lejos, salió el propio Cardenal
Bertoné, ex secretario y mano derecha del vaticano -cardenal cuestionado- y a
la palestra del grito y la ofensa. Dentro del contexto de su cargo, por tanto, se
le presupone un conocimiento muy real de todos y cada uno de los flecos eclesiales,
por cuyo manifiesto denomina a la cúpula del propio vaticano, a saber si con
acierto o desatino, con un apelativo tan denigrante como despectivo y
preocupante: "atajo de víboras
y cuervos".
Agustín Conchilla

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