¿Quién fundó Cáritas y quiénes la financian?
La acción caritativa que
lidera el organismo que representa la Confederación Española de Cáritas Diocesana
y sus tres
instituciones: Asociación San Vicente de Paul, la Conferencia Española de
Religiosos y la Federación Española de Religiosos Socio-sanitarios llega a la
sociedad como paraguas que protege de lluvia, humedad, gripe y extenuación. La
acción de Cáritas, por tanto, llega en modo benefactor: de
reparto alimentario para los más débiles y de agradecer por la sociedad en su
conjunto. Máxime, por tantas y tantas almas necesitadas carentes de lo esencial
que acoge, encauza y protege en su haber. Gracias a la entidad caritativa que
fundara la Iglesia Católica Española se distribuyen alimentos, vestuario y
otras aportaciones de primera necesidad que otorgan un valor incalculable a la
entidad humanitaria.
A tal fin recalco que la
solidaridad humanitaria y alimentaria que altruistamente aporta y reparte
Cáritas entre los seres humanos más necesitados nace de los entresijos de la
Iglesia Católica Española (COPE), en tiempos no lejanos a nuestra era. En tiempos
y acciones, sin embargo, con nombre e identidad propia que provienen de la desolación
bélica que dejara la Guerra Civil Española y el aislamiento que impusiera la
Segunda Guerra Mundial. Tras la represión franquista contra el movimiento
obrero llegaría la ruptura de las ramas sociales que dosificaban la materia
prima, conllevarían al desastre del hambre, encauzarían el camino de la
desesperación y en contraprestación dejarían un panorama triste y desdichado,
de muerte y desolación.
La COPE (Conferencia
Episcopal Española) funda Cáritas Española en los años denominados “del hambre”,
casi en la mitad del siglo XX. Un hambre atroz y despiadado que sigue, una vez
más, a otras etapas de hambruna que entristecieron la historia de la humanidad,
amenazaron a la población y se cernería, mayoritariamente, sobre las clases
medias y bajas. Entre los afectados, además, causa motivo de distancia social y
nace la marginalidad entre los pudientes y los necesitados de la sociedad:
“tanto tienes, tanto vales y por el materialismo te aprecio o te repudio”. El
hambre de antaño, por tanto, ha vuelto con virulencia y amenaza con devorar las
entrañas de las esperanzas de vida de los ciudadanos como buitre que vuela y
circunda sobre la cabra moribunda. Consiguientemente, ha vuelto el paro y la hambruna
a la sociedad española como fantasma de antaño que no encuentra el camino de la
paz y el descanso eterno entre los vericuetos del más allá.
No cabe duda, recalco,
que la acción humanitaria de la Iglesia Católica Española es sumamente
caritativa y de un valor social incalculable. Con cuya acción distribuye vida y
esperanza a los más necesitados de la población española. Quienes reciben,
además de la buena acción de Cáritas, la marginalidad del libertinaje de la era
moderna que nace y se reproduce entre el egoísmo individual de los
distribuidores sociales que administran la materia prima que deriva del
producto de la riqueza nacional.
La financiación de las
68 distribuidoras de Cáritas Diocesanas que existen en la nación española,
según la hemeroteca universal, por citar alguna fuente distinta al
planteamiento del exponente, sin embargo, solamente recibe de las arcas de la
Iglesia Católica Española el 1,85% del total de la financiación que la sustenta.
El resto del montante económico asciende al 98,15% de financiación y proviene
de asociaciones independientes: organismos particulares como el de la estimable ayuda económica del empresario Amancio
Ortega Gaona que el año pasado donó nada más y nada menos que 20
millones de euros a la distribuidora de Cáritas. Así como de la
colaboración de entidades locales,
provinciales y europeas a quienes olvidamos con frecuencia y junto a la
distribuidora de Cáritas Diocesana deberíamos de agradecer su grandísima y
altruista labor humanitaria.
Agustín Conchilla

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