Aún siento piedad por el fatídico mensaje “anti preservativo de quien se hace llamar padre y Papa Católico Mundial: Benedicto XVI”
Que cada cual juzgue, catalogue o critique mi opinión como libremente le convenga, según su propia doctrina psicológica, de creencia política o espiritual e ideológica.
Aunque ha transcurrido casi una semana desde que el Papa Benedicto XVI lanzara su fatídico mensaje, entre desalentador y de muerte por la vida, yo sigo percibiendo un terrible aguijón en la profundidad de mi alma. Un aguijón que me encomienda a sufrir por los más pobres y los más sufridores del planeta, denominado tierra. Un planeta en donde mayoritariamente se ve a los representantes religiosos muy cerca de los cielos, y casi, casi a la diestra del padre... Sin embargo, ante el panorama socio-religioso-mundial que ha dejado el mensaje papal, la cosa cambia y, muy mucho, máxime si añadimos su publicidad alusiva, de coste millonario, a la defensa del Lince en un contraataque político que derivaría en sometimiento a la libertad, y en defensa, no de un simple embrión humano, sin forma de creación a la vida, sino de su propio ego e imposición doctrinal. O su nefasta crítica y cruenta opinión sobre las células que curan, garantizan la salubridad y mantienen la vida de un pequeño ser hermano enfermo y sin opción a la vida. Eso cambia la opinión de la sociedad hasta el punto de que pudiera darse la situación mayoritaria de que los ciudadanos de diversa índole veamos fantasmas condicionados en palabras huecas y falsas. Así como el apercibo de una total desprotección a la vida, e incluso que encontremos un mensaje religioso distante y alejado de la hermandad que supuestamente debería manar de los presuntos representantes de Cristo en la tierra. Por ende, también pudiera darse el caso de que el mensaje papal manara de la mismísima continuación de la doctrina inquisidora, camuflada en un telón fantasmagórico, bajo capa de abstinencia física por la espiritual que a corto plazo sería exterminadora y nos colmaría de sufrimientos, lágrimas y, también nos llenaría los cementerios…
Pese a ello, y a pesar del desapego de la iglesia por el disfrute de sus presuntos hermanos, el estudio de la ciencia nos demuestra que el condón es la salvación más perfecta al contagio de la pandemia del SIDA, en millares y millones de seres humanos. Sin embargo, el Papa católico nos lanza un mensaje retroactivo al gozo de la vida de los africanos y del mundo entero en general. Un mundo que siente el mensaje muy distante de la hermandad; en contra de la protección a la vida, así como en favor del sufrimiento ajeno, la dejación y la in-salvaguarda de la vida por la muerte. En consecuencia, el máximo dirigente de la Iglesia Católica Mundial encomienda a una de las poblaciones y naciones más pobres e incultas del planeta a librarse del condón -único medio eficaz de transmisión del SIDA, para no caer en el pecado por la necesidad de la carne o “del sometimiento de castración espiritual que el Papa nos impone”-. A ello nos añade Benedicto –qué bárbaro y qué desprecio por el disfrute carnal y de la flor de la vida, la felicidad y la propia continuación humana- que la utilización del preservativo sería peor que la propia enfermedad: grosso error para la creación de nueva vida y los entresijos del amor, en beneficio de la destrucción y de la muerte, a manos de la pandemia contagio-infecciosa del SIDA.
En consecuencia, el mensaje del Papa: Representante Mundial de la Iglesia Católica, se aprecia muy distante del disfrute social e individual y de la misericordia católica, e incluso de la salvaguarda social y complaciente ante centenares de peligros que acechan a la humanidad. El Papa pide a sus adeptos, feligreses, seguidores, e incluso detractores, total abstinencia corporal ante el acaloramiento, el deseo, el revolcón y el gozo. Un gozo, sin embargo, a vista de un ser humano sencillo o normal ante la evolución y la continuación humana, muy digno de respeto y alabanza, con cual los seres humanos fuéramos dotados, minuciosamente, de esencias placenteras para disfrutar del “acto sexual”. Acto muy puro y nutritivo, en cual debemos incluir a parte de la curia, entre quienes hay buena cantidad de miembros que gozan del placer y la esencia de la carne consentida y, por desgracia y bien conocido, a veces también sin consentimiento… En consecuencia, los hay que padecen la terrible pandemia del SIDA: por no usar la doctrina de la castidad o el preservativo, ataviados en los entresijos de la propia carne y el acaloramiento que conlleva a la procreación humana...
La iglesia católica no evoluciona y continúa imponiendo trabas a terceros sobre un gozo natural. Un gozo que presuntamente creara el mismo Dios en libertad de maniobra y conciencia real, más allá de la espiritual, y a quien sin aprecio ni valor creativo, el Papa dice y propaga representar en la tierra, y en designio de los propios cielos... Consecuencia directa de contrariedad que a todas luces humanas y sociales parece manar de una terrible decisión histórica, errónea y distante de la realidad y de la necesidad de la evolución humana que retrotrae a la propia iglesia católica y romana a la condición de sectaria. Una contrariedad que además, presuntamente en designios del genio de los cielos, y de la tierra, cabalgaría en contra de los deseos manifiestos e históricos del propio Dios-Creador del Universo y del amor y amante y protector del disfrute de los seres humanos. Seres a quienes, como anticipo, presuntamente, el mismo Dios dotara de medios orgánicos suficientes para uso, facultad y costumbre: de atracción al deseo y para la obtención del placer en ambos géneros… Placer que la iglesia esquiva en favor del sufrimiento de los más adeptos, seguidores e incultos de la población mundial y en perjuicio del derecho carnal, social y de creación de vida, según el propio contenido del reciente y fatídico mensaje papal-africano. Del que se aprecia, además, total desprecio por la vida del semejante, en favor del suicidio individual y del colectivo y mundial; acogido al conservadurismo de antaño por semejanza en la persecución y tortura que sufriera Jesucristo. Una penalidad sin límites ni fronteras, y a manos de cruentos soldados, sanguinarios, torturadores romanos y “sacerdotes sanedrines, defensores de su propia ideología; muy distantes del contenido que nace y debería manar de los diez mandamientos de la presunta Ley Dios...”
Grosso error de transmisión papal que proliferaría en perjuicio de la vida de los africanos y del mundo entero en general que sufre la miseria y la muerte, y padece la terrible pandemia del SIDA. Una enfermedad incontrolable por la ciencia medicinal, y que por decisión de la Iglesia Católica y en detrimento salubre de la humanidad seguiría curso ascendente e indiscriminado a través de la extensión mundial, y en total desapego al amor y a la vida que dicen salvaguardar. Aunque para más INRI, el Papa deja entrever aquello del dicho popular tradicionalista-local que narra una anécdota más, cuando un grupo de personas, entre cuales se encuentra un cojo, son embestidas por la fiereza de un toro bravo. Ante la cercanía de peligro para quienes corren, el cojo ve los cuernos tan cerca de sí mismo que repetitivamente grita a sus compañeros: “¡¡no corráis que es peor…!!”
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