La injusticia legislativa española nos suplanta en contrariedad familiar e indoctrina social y la fiscalía de menores consigue sentencia de cárcel y alejamiento para una madre que corrige a su hijo a través de un bofetón en la mejilla.
Buen número de padres y madres sienten auténtico amor hacia sus hijos –pese a ello, de todo habrá en la Viña del Señor-. Aunque en buen número padezcan la injusticia social e individual, así como la persecución judicial de las fiscalías de menores, hacia la libertad y la dignidad de centenares de madres y padres que educan en derecho pro-creativo, fundamental y fraternal... Y en igualdad de derechos y obligaciones castigan o corrigen la conducta de sus joyas más preciadas, con una simple bofetada: caso reciente, injusto e inhumano y en manos y en indignidad persecutoria de la fiscalía de menores, hacia una madre que ama, soporta y corrige en dignidad de madre, de esposa y de señora: caso Pozo Halcón, Jaén.
La inequidad y la indignidad de la suplantación estatal-paternal pudiera ser –no lo sé- que pase por un Estado Marxista Totalitario que usa la legislación social inadecuada por buena, impositora y justa. Ello pudiera conllevar –como antepongo- al camuflaje de la injusticia totalitaria por la justicia de la democracia, en los pormenores evolutivos del presunto e inalcanzable estado del no menos presunto Estado del Bienestar Social Español que nos asfixia el bolsillo, y nos lleva a pesadumbre de pobreza y hambruna.
En consecuencia, la autoridad moral y paternal-familiar no habría de recaer en la frialdad de una decisión gubernamental, sino en el progenitor/a, para asegurar así el respeto y la eficiente educación de los hijos hacia los padres y hacia la propia sociedad. Hoy por hoy, sin embargo, gracias a la imposición social de los legisladores modernos, aunque obsoletos y arbitrarios, a través de una redacción suplantan a los padres en el seno de la familia, el hogar individual y el colectivo. Así consiguen que buena parte de los hijos –no todos- disten muy mucho de recibir concepción de responsabilidad en la juventud actual y venidera. Buena parte de los jóvenes se ven alentados por unas leyes discriminatorias que aúnan a sus desmanes porque sienten protección desmesurada; y ello les favorece: consecuencia directa de la merma de libertad paterna, dentro del marco de la democracia y de la suplantación socio-gubernamental-paternal “del Estado de Derecho”.
El Estado del Bienestar de una democracia responsable y libre deja de serlo cuando los legisladores que manan de la decisión popular se intrometen en la intimidad del hogar y doblegan la voluntad paternal-filial-familiar. Voluntad que mayoritariamente ningún miembro aceptaría, por impositora e irracional. En consecuencia, los padres y las madres de hoy no pueden corregir a sus hijos. Y no pueden porque la injusticia, propia del totalitarismo social e intromisivo del Estado Español, entra en sus casas, en sus vidas y en sus conductas para guiarlos a un destino incierto e indeterminado. Ante tal cariz puede percibirse ya, en la sociedad globalizada, que infinidad de adolescentes, de todas las clases sociales; e incluso desde la infancia, aprovechan el evento para chantajear a los padres, en frase igual o similar a la que sigue: “si me castigas te denuncio”…
Por ende, visto y oído el noticiario del barrio y televisivo del día a día, también podría verse que los padres y las madres pueden sentir veto contraproducente ante su derecho a la creación-procreación, a la educación y a la libertad de cariño y respeto hacia sus hijos: en contraposición a la obligatoriedad y la suplantación de derechos fundamentales, así como de obligaciones paterno-maternas que le serían propias y legítimas. Aunque el estado, a través de los legisladores pueden arrebatar el amor a la familia y a los hijos, por una volátil frialdad de pluma y de un estado, mal llamado del bienestar e in-fraternal que nunca estará en casa para alimentar, vestir, mimar, etc… Sin embargo, las leyes mal acondicionadas e impartidas entre los miembros de la sociedad, sí pueden azuzar, desde la discriminación y la suplantación, a la indiferencia y al desamor de las nuevas generaciones. Con cuya discriminación de derechos paternales y excesivo albedrío por cobijo dictatorial-gubernamental a los hijos, amén de la merma de autoridad paterna; aunado a la protección desmedida e inadecuada que pudiera verterse en las nuevas generaciones; también pudiera desembocar en una sociedad incivilizada que día a día perdería los valores fundamentales de la educación, la convivencia y la fraternidad, social y familiar...
Agustín Conchilla
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