martes, 4 de noviembre de 2008

Privilegios judiciales para la Casa Real Española

EL ALCALDE DE PUERTO REAL VUELVE A DESCORCHAR LA BOTELLA DEL PRIVILEGIO POR HOLGANZA Y BUENA VIDA EN MIEMBROS DE LA CASA REAL ESPAÑOLA


EN MESES PASADOS, AUNQUE DIGNOS DE RECUERDO ACTUAL, EL THE TIMES BRITÁNICO DESCUBRIÓ SENTIR DE MERMA POR PRIVILEGIO A HOLGANZA Y BUENA VIDA EN LOS MIEMBROS DE LA FAMILIA REAL ESPAÑOLA; SENTIR QUE HOY SE ACRECIENTA CON LA POLÉMICA QUE HA SUSCITADO EL ALCALDE DE PUERTO REAL.

El diario The Times Británico editó un artículo sobre la creciente apatía de los españoles hacia los miembros de la realeza española; y los responsables de la viñeta de la Revista El Jueves aportaron, y estimo que seguirán aportando actualidad social y jurídica al caso de tan extravagante viñeta: por aquello de ser diferentes a la realeza y no ostentar el privilegio económico, social ni penal, así como por caminar más próximos a la cualidad del "perro noble amordazado, que al sentir en carne de feudal enraizado en la historia y en las leyes de los linajes..." Y digo yo, aunque sea a toro pasado, ¿dónde quedaría la libertad nacional que promulgaran los españoles tras una penosa y larga mordaza dictatorial, en vida de cautiverio político y social...?

El discurrir de la memoria española, por vericuetos dictatoriales, afloraría tras el pasado secuestro de la mencionada Revista El Jueves: un secuestro que ordenara el Fiscal General del Estado, presuntamente miembro de un partido republicano, elegido en libertad social y en igualdad jurídica y penal. Y sin embargo, ya de oficio sometería a ejecución a nos ciudadanos lacayos y apuntaría su vara ejecutora en talante de discriminación a favor del privilegiado... Los autores de la pantomima serían condenados por un juez constitucional, aunque en desigualdad cívica, social y penal, al de la familia real... Tales actos son agravios al pueblo en general, por la ley del privilegio en particular, por cual se dejaría traslucir un claro retroceso de libertad social, penal y de libertad de prensa. Aunque después de tanto bombo y platillo se saldara con “dos mil quinientos euros de multa” y un grandísimo favor colateral-promocional-periodístico que agrandaría las arcas económicas y lectivas, así como las de sus autores, las de la propia revista y las de sus editores...

Por tales actos, sin embargo, a mí me da en qué pensar y me pregunto: ¿dónde y por dónde discurre la desigualdad jurídico-nacional de un pueblo, con la consiguiente persecución penal en desigualdad de linaje a los responsables de una simple viñeta…? Una viñeta que por simplicidad constitucional pude y debe sancionarse si se considera agravio penal en igualdad social, como una simple falta periodística o social, y aquí paz y allá gloria… Sin embargo, a los responsables de prensa que presuntamente atentaran, en grado de naturalidad obscena contra la dignidad de los Príncipes de España, y aunque posiblemente lo hicieran en conducta inadecuada, se les debería catalogar en igualdad jurídica y penal al resto de españoles que son expuestos y vapuleados en los medios públicos, sin que la justicia lo corrija en beneficio social, y en todos los casos por igual, sin privilegios reales... Y como expongo, el Estado de Derecho, que por cierto, aquí se aprecia vencido por la discriminación de exonerar a una parte, queda más doblado que la joroba del Tío Quisquillas, y debería servir para corregir conductas en igualdad jurídica, social y penal, ante la falta o el delito que cada cual hubiera cometido, y en igualdad a otros ciudadanos que día a día son vapuleados por medios públicos periodísticos...

Y digo vapuleados, y a quienes el Estado de Derecho no salvaguarda en igualdad jurídica, social ni penal, como pudiera ser el caso de las injusticias de la prensa pública y televisiva del Corazón; injusticias que hoy nos mueven a diferenciar el preservo de la desigualdad penal en beneficio de los privilegiados Príncipes de España y, otros... Príncipes para quienes a sí mismos ya se otorgara su padre, en derecho feudal, y por privilegio real, una cláusula en la propia Constitución Española: artículo. 56-3. La persona del Rey es inviolable y no está sujeta a ninguna responsabilidad. Y en esa legítima por “ilegítima desigualdad jurídica-constitucional”, aunque sin comerlo ni beberlo, los príncipes fueron compensados por el propio Estado del Derecho Social y Penal, con el secuestro de una revista, y bajo las órdenes de un juez que debería convertir su actuación en justicia e igualdad social para un todo un pueblo en Libertad Constitucional; máxime, si el juez juzga bajo leyes de libertad social, dimanantes de la mayoría parlamentaria que deriva del sentir de las propias entrañas republicanas...

El pueblo llano, en cambio, pudiera entender que aquella, o parecidas sentencias, encierran retroceso a la libertad de expresión: por la desigualdad jurídica y social que mana de un excesivo privilegio real, fechado en la actualidad del siglo XXI. Con esta abrupta injusticia, además, pudiera perderse el carisma en los reyes y hacernos entrar en los salvajes entresijos de la historia y del ultraje feudal, por miembros de linajes antecesores, que ya se está dando en la sociedad, con creciente sentir republicano, en detrimento de la simpatía y la credibilidad de la casa real española de la actualidad. Credibilidad que hasta hace poco ostentara la Casa Real Española:, acrecentado ahora en merma por la acción de los tribunales y por el sentir popular de familia intocable en vida y privilegio, ante la publicación y la actuación penal en los autores de una simplicidad pantomima en escena erótica. Ello pudiera acrecentar en sentimiento y repulsa de los españoles a todo tipo de privilegio, tal cual expresara en su edición acertada El Diario The Times Británico y, otros… Aunque mientras tanto, los españoles sentiremos la indefensión y la inseguridad social por discriminación y el vapuleo que trasmiten los programas televisivos, denominados “rosa”. O de las revistas del corazón que atentan contra la intimidad individual de la persona, sin que los jueces ni el fiscal defiendan de oficio, como con los príncipes, el derecho a la intimidad personal y familiar del ciudadano mediocre o llano.

Un derecho que sería garante de defensa jurídica y penal de un pueblo que no goza del privilegio real, pero que en actuación penal de Estado de Derecho, en igualdad social, sí debería aflorar en oficio para defensa, libertad y protección constitucional de los ciudadanos sin realeza y sin reales… Aunque los responsables de ultrajar y despellejar a quienes se sientan en el sillón de la tortura y la miserabilidad del mundo rosa, lo aducen a libertad de prensa y, se ve que ello dista muy mucho de la pantomima de los príncipes…. Para ello, además, añaden que el adversario cobra por sentarse allí, y ello les da derecho al ultraje, cuando realmente, los presuntos necesitados cobran una insignificancia, comparado con lo mucho que a ellos les queda, y aún así no deja de ser un espectáculo torturador, antisocial y humillante “en las arenas de un ruedo romano”. Por cuya miserabilidad, en talante de anti-profesionalidad periodística, se otorgan derechos y serían capaces de manipular y devorar hasta la honestidad más vulnerable, íntima e individual y familiar de las personas en absoluta impunidad... Y ello siempre a la vista y sin que el Estado de Derecho, como antepongo, a través del Fiscal General del Estado o de los medios cívicos y penales a su alcance se pronuncie en defensa del derecho a la intimidad moral de las personas, de las familias y de su entorno: Art. 18-1 de la Constitución Española, y ampliado por el artículo 20-4.

Menos mal, para la casa real, que todos no somos reyes ni príncipes, si no, ya me dirían ustedes quiénes iban a trabajar y quiénes pagarían los impuestos para que los reyes vivan de la libertad de holganza española… Aunque si así fuera, al menos estaríamos salvaguardados por privilegio de reyes, leyes, jueces y justicia, sin que los legisladores que discriminaron a parte de la sociedad en la propia Constitución Española durmieran la siesta en tan largos periodos estivales… Aunque para contrarrestar la pereza actual del Estado de Derecho Español, las leyes pudieran despertar en tardío e intentar también amordazar la libertad de expresión del Diario The Times Británico, ¿o no...? Un diario Inglés y democrático, que en recuerdo al décimo aniversario de la muerte de la Princesa Diana de Gales nos dejara inequívoca y acertada opinión sobre la credibilidad actual de la familia Borbónica en el panorama político y social de España. Y es que parece que es evidente que algún párrafo de la ley constitucional fue redactado por imposición real: el ya mencionado artículo de la Constitución 56-3. Y como tal sería y será causa de tremenda desigualdad que dirigen los miembros de la monarquía al “buen quehacer y vivir en libertad de holganza, sin que la justicia de todos los españoles pueda indagar en sus acciones comerciales o políticas, ni en responsabilidades públicas o privadas de ninguna índole…

Ese gran privilegio se acentúa en el no lejano reasentamiento dinástico por el territorio español; y aunque distintos historiadores nos desvelan que Don Juan de Borbón, padre del Rey actual, sufrió la más vil de las crudezas por la crisis económica familiar borbónica, parece que a nuestros reyes sí les ha llegado el pan y la riqueza bajo el brazo; y como tal nadan en privilegio de reyes, leyes, viandas y ociosidades: deportivas, viajeras, palaciegas, festeras… Vidas, las suyas, colmadas de agasajos e imbuidas en disfrute de manjares, cacerías e inmensas fortunas que escapan a la miseria de buena parte de la especie humana que habita entre el sufrir de sanciones, impuestos y desesperanzas: en creciente exposición a criminalidad social, sobre bienes y personas del territorio español… Sin embargo, qué buen vivir, qué salvaguarda jurídica y republicana legal reciben nuestros reyes, y qué poco han de sudar el jornal que orgullosamente a casa se habrían de llevar... Cual, presuntamente, les habría de salvaguardar de sufrir en penuria por la especulación urbanística o la constante subida de intereses que a los españoles nos encaminan a multitud de desahucios por imposibilidad e impago de hipotecas y financieras en general…

Asimismo expongo que poco sacrificio ha de derrochar la familia real ante la inminente subida de los precios para libros de texto, o para la presunta educación gratuita; además del incremento bestial en los comestibles de primera necesidad: gas, leche, petróleo, huevos o pan… A la familia real tampoco le ha de perjudicar el encarecimiento del dichoso euro que nos azota sin piedad, y que imposibilita la subsistencia obrera en dignidad de mercado.; y cuyo salario se mantiene al margen de estereotipos familiares de aquellos que carecen de necesidad en desigualdad social por la tiranía del privilegio real...

La historia de Rusia, sin embargo, nos relata que también allá reinaban los monarcas eslavos, en constante atropello y discriminación social que eran conocidos por Zares, entre los años 1546-1917. Por aquella desigualdad económica y social, sin embargo, ya ven ustedes como el pueblo apaleado, sufridor y necesitado se cansó y dio pasaporte a la dinastía al completo, aunque yo no pido tanto y me quedo con el respeto a la vida, a la familia y a la igualdad jurídica, social y penal. O en contrario, que por designio de voluntad social, ellos y su linaje se queden en la percha de la historiografía: como una familia más, de tantas que habitamos en planeta y en tierra de España. E incluso que por voluntad social se les esfume la sucesión y el consabido derecho a gozo por privilegio de monarquía, y a los españoles nos abra el camino de implantar la deseada III REPÚBLICA ESPAÑOLA, por millares de personas…

O acaso hemos olvidado ya, nosotros, los españoles, y tan pronto, que el abuelo del monarca actual: Alfonso XIII, era un rey dictador que se amparaba en bastón de la monarquía para saltarse la Constitución Española, a la torera, y por ello tuvo que poner tierra de por medio, abdicar y abandonar su “querida Patria”, el día trece de abril de 1931. Acaso han olvidado los españoles que los jueces y los legisladores que adoctrinan bajo la imperfección del Estado de Derecho atentan en favor de la discriminación social y contra las propias emociones y la credibilidad con que han de regular y salvaguardar la intimidad y la inseguridad por seguridad ciudadana… Acaso han olvidado los españoles que sufrimos y capoteamos la inseguridad-socio-criminal como buenamente podemos, sin que el Estado de Derecho nos albergue en igualdad de su justicia real y de pecho: por considerarnos, cuando interesa a los gobernantes y legisladores, en legitimidad social dimanante de la Constitución Española y de la libertad de expresión, aunque a través de ella, a todos los españolitos, menos a los reyes, nos pueden vapulear...

Acaso vamos a olvidar los españoles que después de treinta años de libertad democrática salga a la palestra un fiscal republicano y un juez, a saber de qué rango, para secuestrar una revista que se edita en libertad de prensa y, por una simple pantomima, con las miles que a diario circulan en detrimento de la ciudadanía y a nadie castigan... Ello dejará profunda huella en el sentir de España y de los españoles: por el carácter retroactivo de una injusticia dictadora “en sumarísimos de urgencia”… Tal represión, aunque sea ajena a voluntades monárquicas, pudiera no serlo para el futuro devenir de la credibilidad dinástica que una vez más ha salido a la palestra envuelta en una terrible desigualdad-socio-jurídica que mana del privilegio real... Ello pudiera perjudicar la continuidad dinástica, al menos en grado de alta aceptación social para la Casa Real Española; así como para sus miembros que socialmente se van viendo mermados en la credibilidad socio-nacional de un pueblo que desde el 23 F les ha otorgado la divinidad, a cambio de nada y de holganza real…

O acaso podremos olvidar los españoles que mientras el estado económico nos asfixia la vida y el bolsillo, nosotros seguiremos lamentando la exagerada intervención judicial de un Estado de Derecho que es capaz de dejar en la indefensión al necesitado y, sin embargo, en vez de sancionar y enjuiciar una presunta falta por privilegio desigual, se dedica a secuestrar una simple revista quiosquera, casi desconocida en ámbitos literarios. Aunque por tal decisión de atropello judicial, la mencionada revista denominada El Jueves, hubiera pasado de ser desconocida, a ampliamente conocida y aceptada, solicitada e incrementada en tirada semanal. Por tanto, al fin y al cabo la propia inercia social hizo justicia, y aunque un juez sentenciara en desigualdad social, el azar de la propia vida humana recompensaría y otorgaría la multitudinaria publicidad gratuita que ahora se incrementa con la polémica que han suscitado las palabras deL alcalde republicano de Puerto Real, Cádiz…

Pero es que acaso podremos olvidar los españoles aquella fatídica noche del 23 de febrero de 1981, en que la figura del Rey don Juan Carlos I de España, repudiada por cercanía e imposición franquista, fuera alabada por aparecer en Televisión Española, desde donde el pueblo aclamaría su imagen, su voz y su traje. En tal simpatía, el pueblo olvidaría el modo de su reciente implantación y le catalogaría de libertador de una nación en prematuro declive democrático, ante la opresión y el miedo a la vuelta de un gobierno militar, represivo y sanguinario. Por aquel talante de intervención Real, en cordialidad, seriedad, respeto y admiración, el pueblo le premiaría en gratitud de simpatía y aceptación, a pesar de resurgir, como más arriba menciono, de la mano del propio dictador: el general Francisco Franco Bahamonde, pasando y saltando incluso por encima de los derechos dinásticos de su propio padre: Don Juan de Borbón...

Acaso creen ustedes que el pueblo olvidará las incógnitas de aquellos días en que el Hemiciclo del Congreso de los Diputados fuera asaltado por el teniente coronel de la Guardia Civil, Antonio Tejero Molina, bajo directrices militares de un Golpe de Estado: un golpe duro dirigido por el general Jaime Milans del Bosch, y un segundo golpe preparado en coordinación al primero, más blando, aunque promovido por la segunda máxima autoridad militar del país y quien si el golpe llegaba a buen término ocuparía el cargo de Presidente del Gobierno: Alfonso Armada y Comyn. Personalidad ésta, por cierto, muy cercana, amiga, leal y de confianza del monarca español: Rey don Juan Carlos I de España y también el Jefe militar del conjunto de la Casa Real Española.

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